La mayoría de los PMS terminan donde empieza el problema: en la plata. Halbora lleva las reservas, la caja, los gastos y la contabilidad en el mismo sitio — para que el contador no reciba el mes cuando ya no se puede arreglar.
Halbora se escribió para tres hoteles reales y lo usan recepcionistas todos los días. Cada cosa que hay aquí existe porque hizo falta un martes a las once de la noche.
Reservas, entradas y salidas, cambios de habitación arrastrando, y el estado de limpieza de cada cuarto. Dos huéspedes no pueden acabar en la misma habitación: lo impide la base de datos, no un aviso en pantalla.
Lo que el cajero declara, lo que cuenta en el cajón, y lo que el sistema registró por su cuenta. Esa tercera es la que convierte el arqueo en un control y no en un trámite.
El sistema lee el proveedor, el NIT, el total y el IVA, y deja el gasto listo para revisar. Sin teclear, y sin la caja de zapatos con los recibos de todo el mes.
Responde precios y disponibilidad a cualquier hora, y pasa la conversación a una persona cuando hace falta. El que pregunta a las once de la noche no se va a la competencia.
Le mandas el enlace al huésped y lo que paga entra al turno sin pantallazos y sin conciliar a mano. El anticipo deja de ser una conversación incómoda.
Cada venta, cada gasto y cada cierre de caja deja su asiento contable en el momento, no a fin de mes. El contador entra y lo ve; no hay que exportarle nada.
Tres decisiones que son deliberadas y que conviene que sepas antes de probarlo, no después.
Un cobro, un cierre de caja o una reserva no se eliminan: se anulan con motivo y con nombre. Corregir deja rastro, que es lo único que hace que las cifras se puedan defender.
Recepción registra ingresos y gastos. El margen y la comparación entre sedes son del dueño y del contador — su panel ni siquiera los calcula.
Si el sistema no tiene una cifra, la pantalla no la enseña. Es mejor un hueco honesto que un número supuesto en una pantalla que se usa para cobrar.
No hay registro automático a propósito: preferimos hablar contigo, entender cómo trabajas y dejarte la cuenta montada. Después tienes 15 días para usarlo de verdad, sin tarjeta y sin compromiso.